ASESINATO DE JOHN F. KENNEDY


PARTE 3.2

STAFF LA OPINIÓN DE MÉXICO
En el Centro Médico Naval se protocolizó la autopsia en su momento: “hombre musculoso, de 1.82 metros de estatura, 170 libras de peso, cabello rojizo y abundante, ojos azules. Tenía una herida en la parte POSTERIOR del cuerpo, por encima del borde escapular superior y supraclavicular, de 4 por y 7 milímetros, de forma oval. Era el orificio de ENTRADA de un proyectil que atravesó el cuello, saliendo junto a la tráquea. El orificio de salida de esa bala no se podía apreciar, porque la traqueotomía practicada en el hospital Parkland, donde murió Kennedy, fue precisamente sobre tal región”.
Había otro oficio de entrada por encima de la protuberancia occipital externa, con pérdida de cuero cabelludo y del hueso. Se extrajeron del cráneo dos fragmentos metálicos que eran parte de un proyectil calibre 6.5 y la conclusión a que llegó el equipo forense crítico, fue que el Presidente John F. Kennedy “recibió dos disparos que fueron hecho desde un lugar situado por detrás y encima de su cabeza. El primer proyectil no produjo una herida necesariamente mortal, afectando tan solo el cuello y la tráquea, pero el segundo proyectil destruyó un hemisferio cerebral rompiendo el seno longitudinal, lo que produjo una hemorragia masiva mortal de necesidad”.
Los proyectiles tipo Western Cartridge, calibre 6.5, fueron disparados indudablemente con el rifle italiano C-2766 Mannlicher Carcano que fue encontrado en el Texas School Book Depository Building, junto a la ventana desde la que se hicieron los disparos.
La ropa que vestía el Presidente Kennedy en el momento del atentado presentaba orificio de entrada en la parte baja del cuello, por la parte posterior, con huellas de cobre detectadas en el borde del orificio por espectrofotometría, “las fibras del borde del orificio aparecían aplastadas hacia dentro”.
El estudio de tres películas tomadas por algunas personas que presenciaban el paso de la caravana presidencial en Dallas, Texas, permitió ver en imagen el instante en que el Presidente Kennedy fue herido por dos proyectiles. La reconstrucción de la escena con la ayuda de los filmes permitió al Departamento de Balística determinar la trayectoria, el ángulo de tiro y el lugar desde donde el asesino realizó los disparos.
Las investigaciones señalaron a Lee Harvey Oswald como alienado del mundo en que vivía, aislado, frustrado, fracasado, sin relaciones verdaderamente amistosas con alguien, siempre insatisfecho de todos, imaginaba ser comandante, profeta, político, estaba seguro de llegar a ser Ministro algún día, manías de grandeza confirmadas por el testimonio de su hermosa mujer y otros familiares.
Tenía 24 años en el momento del crimen, pero su muerte violenta a manos del cabaretero Jack Ruby, quien lo agredió frente a las cámaras de televisión, impidió que dijera la verdad. Lee falleció en el hospital Parkland, donde poco tiempo antes había muerto el Presidente Kennedy. Jack Ruby también murió en ese nosocomio, de cáncer, poco después de asegurar, en idioma hebreo y en secreto, a su hermano, que jamás fue amigo del magnicida.
Efectivamente, el asesino de Oswald dijo ante el mundo que obró sin consignas. Se cerraba así, el 3 de enero de 1967, un capítulo más en el debatido caso Kennedy.
Las agencias informativas AP y FP indicaron que Jack Ruby, el cabaretero que acabó con la vida de Lee Harvey Oswald, acusado de dar muerte al Presidente Kennedy, murió aquel día de cáncer generalizado y hasta sus últimos momentos negó que hubiese sido parte de un complot para callar al único que hubiese podido aclarar el crimen del siglo.
La muerte de Ruby sobrevino en forma tranquila, según reporte de los médicos del hospital Parkland, a sólo unos cuantos pasos de los aposentos donde murieron Kennedy y Oswald, el 22 y 24 de noviembre de 1963, respectivamente.
En el hospital se diagnosticó neumonía y luego cáncer extendido por el sistema linfático, los pulmones y el páncreas. Cerca del final, Earl Ruby le preguntó a su hermano, como muchas veces antes: “¿Estás seguro, Jack, de que no hubo algo más?”
–No oculto algo, no estoy protegiendo a nadie. Nada hay que ocultar ni nadie a quien proteger, créeme—dijo Jack sin saber que su hermano Earl había llevado una grabadora. Así, en cinta magnética, sin darse cuenta, el asesino de Lee negó la existencia de una conjura y suplicó al mundo que creyese que no se llevaba secretos a la tumba. La cinta fue llevada a Nueva York y entregada a la compañía de discos Capitol, que se encargó de reproducirla en microsurco.
El hospital Parkland anunció poco después de la muerte de Jack Ruby que las autoridades de Dallas habían acordado que la autopsia de Ruby se realizara en presencia de un médico ajeno al personal del Plarkland, para evitar especulaciones.
Earl dijo que su hermano Jack en su declaración grabada se veía a sí mismo como una suerte de instrumento, no sufría la ilusión de pensar que Dios le dijo que lo hiciera o que era un instrumento de otra gente, sino que sucedió sin su voluntad consciente, Oswald fue para él un personaje fuera de su comprensión.
Pero se sabía que Ruby dijo al agente Ernest V. Sorrels, del Servicio Secreto, que “tenía que demostrar al mundo que un judío tiene coraje”…segundos antes había disparado contra Oswald.
Luego afirmó Ruby que mató a Oswald porque no podía resistir la idea de que Jacqueline Kennedy tuviera que pasar por la terrible angustia de regresar a Dallas y testificar en el juicio de Oswald. La Comisión Warren describía así a Ruby: Nacido en Chicago, en el ghetto de Maxwell, el 25 de marzo de 1911, hijo de inmigrantes polacos rápidamente desilusionados en sus esperanzas de triunfar en los Estados Unidos. Ruby creció en la calle. Su padre, Joseph Rubinstein, era un gran bebedor y pocas veces tenía empleo. Su progenitora era una mujer inestable, Fannie estuvo internada en una institución para enfermos mentales. Jack tenía 10 años de edad cuando sus padres se separaron y fue a un hogar adoptivo. No cursó la segunda enseñanza.
Luego de una vida aventurera, se convirtió en propietario de un club nocturno en Dallas, Texas. Cuando mató a Oswald debía al gobierno 40 mil dólares por impuestos federales.
Entre 1949 y 1963 fue arrestado ocho veces por la policía de Dallas bajo diversas acusaciones, entre ellas portar armas y permitir bailar en su cabaret después de la hora límite.
Un siquiatra lo calificó de sicopático depresivo, ajeno a la realidad. Sus amigos dijeron que era un cazador de publicidad, jovial, que trataba de ser siempre el centro de atención.
Jack Ruby llegó a decir que le asaltaban pesadillas en las que veía como miles de judíos eran masacrados porque él, también judío, había silenciado al asesino del Presidente Kennedy. Jack tenía 55 años de edad al morir.
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