ROMERO DESCHAMPS, FUERA DEL SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORES PETROLERO; SIGUE EN EL PODER SU MISMO CÁRTEL


Ricardo Ravelo/La Opinión de México

Después de 26 años al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores Petroleros (STPRM), Carlos Romero Deschamps presentó su renuncia. Le faltaban cuatro años para terminar su periodo, es decir, saldría del sindicato en el año 2024, pero su salida anticipada ya se había anunciado desde el momento en que el presidente Andrés Manuel López Obrador confirmó que la Fiscalía General de Investigaciones (FGR) ya lo investigaba. 
“Es mejor que renuncie”, dijo López Obrador y Romero Deschamps lo hizo cumpliendo una de las reglas políticas elementales: no desafiar al presidente. 
La caída de Romero Deschamps –calificada como un “quiñazo” – permite ahora a la FGR ahondar en las investigaciones que inició en su contra luego de que la Unidad de Inteligencia Financiera detectó movimientos inusuales en sus cuentas bancarias. Se trata de transferencias millonarias que no parecen estar sustentadas. 
Así, Romero Deschamps sale del sindicato petrolero indiciado, ya que quizá en los próximos días tenga que comparecer a declarar ante la FGR por los delitos que pudieran enderezarse en su contra. 
Después de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador, en diciembre de 2018, Carlos Romero se convirtió en uno de los objetivos del presidente, pues en diciembre y parte de enero el gobierno federal había asestado un duro golpe contra la corrupción, particularmente contra el robo de combustibles que le causaron un daño multimillonario a Petróleos Mexicanos
Se afirma que Romero Deschamps encabezaba una de las organizaciones criminales más fuertes que se dedicaba al “huachicoleo”, es decir, al robo de combustibles, pero también al robo de hidrocarburos, otro de los negocios millonarios que, por años, explotaron los presidentes priistas y no priistas. 
De igual forma, se benefició con la venta de plazas del sindicato, con negociaciones “leoninas” del Contrato Colectivo de Trabajo, con contratos de obra dentro de Pemex, entre otros negocios. 
Fue común en el sindicato petrolero que en la nómina figuraran familiares suyos y amigos que también cobraban en Pemex y obtenían beneficios. 
Poderoso durante poco más de cuatro sexenios, Romero Deschamps amasó una fortuna descomunal que le permitía comprar autos Ferrari para su hijo, adquirir relojes con incrustaciones de diamantes, comprar o edificar casas de más de 10 millones de dólares, viajar en aviones privados y pasearse en las mejores playas del mundo a bordo de yates lujosos. 
Eran los tiempos de jauja, del poder, del derroche, de la impunidad. Así fue con el PRI y con el PAN, tan iguales como inseparables en el poder político. 
Romero Deschamps se va del sindicato petrolero, pero eso no significa que se acabe la corrupción en Pemex ni en el sindicato. Falta mucho por investigar, más aun, cuando videos y grabaciones confirman que la campaña del presidente Enrique Peña Nieto fue financiada con dinero de la paraestatal; que se cerraron negocios millonarios con empresas internacionales, como Odebrecht, cuyos altos ejecutivos repartieron dinero a manos llenas con el objeto de obtener contratos. 
Hasta el propio Emilio Lozoya –actualmente investigado por actos de corrupción – se daba el lujo de cobrar hasta 50 mil dólares por una entrevista, de acuerdo con las revelaciones que hizo la cadena Univisión, las cuales ya eran conocidas con anterioridad en México
Poco antes de las elecciones de 2018, en todas las secciones petroleras del país se empezó a gestar un movimiento disidente, orquestado por supuestos opositores a Romero Deschamps, que pudieron registrar un nuevo sindicato –Petromex –, cuyos principales operadores se dieron a la tarea de afiliar a obreros de la paraestatal. 
Su objetivo era arrebatarle un pedazo del contrato colectivo de trabajo al monopolio sindical que encabeza Romero Deschamps. Sin embargo, hasta el momento eso no ha sido posible, pues el sucesor de Romero –Manuel Limón Hernández, diputado del PRI –quien es un hombre leal a Romero Deschamps. 
Limón Hernández suplirá a Romero Deschamps por los siguientes cuatro años, hasta el 2024. Cuando se desempeñaba como secretario de interior del sindicato petrolero, en el 2000, Limón Hernández se amparó para no ser detenido por el escándalo generado por el “Pemexgate”, uno de los más cuantiosos desfalcos que entonces sufrió la paraestatal: 1,500 millones de pesos. 
A pesar de que esto está establecido en el artículo 151 de los estatutos del sindicato, obreros disidentes exigen que haya elecciones limpias, libres y con voto secreto, a fin de democratizar al sindicato petrolero, pues durante varios años las reelecciones de Romero Deschamps se realizaban por unanimidad y sin ninguna oposición. 
Así funcionaban el sistema, así se mantuvo en el poder Joaquín Hernández Galicia, La Quina, quien estuvo al frente del sindicato petrolero desde 1961 hasta 1989, cuando el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari lo destituyó y lo encarceló bajo cargos de homicidio y portación de arma de fuego prohibida. 
Con la caída de Carlos Romero Deschamps, el presidente Andrés Manuel López Obrador asesta otro duro golpe: el primero fue contra el abogado Juan Collado, defensor de Carlos Salinas y de Enrique Peña Nieto, a quien se le acusa de lavado de dinero y delincuencia organizada. 
Collado, además, enfrenta un juicio internacional, pues el gobierno de Andorra le congeló 84 millones de dólares que estaban a su nombre y que fueron detectados cuando hizo una transferencia a una cuenta de BBVA de Madrid por una suma cuantiosa. 
Este golpe pone en la mira de la justicia mexicana a los expresidentes Salinas y Peña, pues ambos son señalados de ser los verdaderos dueños de la caja de ahorro La Libertad, actualmente bajo investigación de la FGR. 
Sin embargo, el presidente López Obrador está fuertemente cuestionado por solapar la corrupción de Manuel Bartlet Díaz, director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), quien acumula unas 25 denuncias en la Secretaría de la Función Pública. 
Pese su negro historial –fue el autor intelectual del fraude de 1988, se le descubrieron más de 800 millones de pesos en propiedades y varias empresas con las que hizo negocios al amparo del poder –López Obrador se ha empeñado, hasta ahora, en mantenerlo en su cargo. 
El caso Bartlet Díaz sigue generando fuerte escándalo, pues se trata de la antítesis de la lucha contra la corrupción, lo que exhibe una suerte de doble discurso del presidente con respecto al combate frontal a ese problema endémico.
Romero Deschamps, fuera del sindicato petrolero; sigue en el poder su mismo cártel. 
Después de 26 años al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores Petroleros (STPRM), Carlos Romero Deschamps presentó su renuncia. Le faltaban cuatro años para terminar su periodo, es decir, saldría del sindicato en el año 2024, pero su salida anticipada ya se había anunciado desde el momento en que el presidente Andrés Manuel López Obrador confirmó que la Fiscalía General de Investigaciones (FGR) ya lo investigaba. 
“Es mejor que renuncie”, dijo López Obrador y Romero Deschamps lo hizo cumpliendo una de las reglas políticas elementales: no desafiar al presidente. 
La caída de Romero Deschamps –calificada como un “quiñazo” – permite ahora a la FGR ahondar en las investigaciones que inició en su contra luego de que la Unidad de Inteligencia Financiera detectó movimientos inusuales en sus cuentas bancarias. Se trata de transferencias millonarias que no parecen estar sustentadas. 
Así, Romero Deschamps sale del sindicato petrolero indiciado, ya que quizá en los próximos días tenga que comparecer a declarar ante la FGR por los delitos que pudieran enderezarse en su contra. 
Después de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador, en diciembre de 2018, Carlos Romero se convirtió en uno de los objetivos del presidente, pues en diciembre y parte de enero el gobierno federal había asestado un duro golpe contra la corrupción, particularmente contra el robo de combustibles que le causaron un daño multimillonario a Petróleos Mexicanos. 
Se afirma que Romero Deschamps encabezaba una de las organizaciones criminales más fuertes que se dedicaba al “huachicoleo”, es decir, al robo de combustibles, pero también al robo de hidrocarburos, otro de los negocios millonarios que, por años, explotaron los presidentes priistas y no priistas. 
De igual forma, se benefició con la venta de plazas del sindicato, con negociaciones “leoninas” del Contrato Colectivo de Trabajo, con contratos de obra dentro de Pemex, entre otros negocios. 
Fue común en el sindicato petrolero que en la nómina figuraran familiares suyos y amigos que también cobraban en Pemex y obtenían beneficios. 
Poderoso durante poco más de cuatro sexenios, Romero Deschamps amasó una fortuna descomunal que le permitía comprar autos Ferrari para su hijo, adquirir relojes con incrustaciones de diamantes, comprar o edificar casas de más de 10 millones de dólares, viajar en aviones privados y pasearse en las mejores playas del mundo a bordo de yates lujosos. 
Eran los tiempos de jauja, del poder, del derroche, de la impunidad. Así fue con el PRI y con el PAN, tan iguales como inseparables en el poder político. 
Romero Deschamps se va del sindicato petrolero, pero eso no significa que se acabe la corrupción en Pemex ni en el sindicato. Falta mucho por investigar, más aun, cuando videos y grabaciones confirman que la campaña del presidente Enrique Peña Nieto fue financiada con dinero de la paraestatal; que se cerraron negocios millonarios con empresas internacionales, como Odebrecht, cuyos altos ejecutivos repartieron dinero a manos llenas con el objeto de obtener contratos. 
Hasta el propio Emilio Lozoya –actualmente investigado por actos de corrupción – se daba el lujo de cobrar hasta 50 mil dólares por una entrevista, de acuerdo con las revelaciones que hizo la cadena Univisión, las cuales ya eran conocidas con anterioridad en México
Poco antes de las elecciones de 2018, en todas las secciones petroleras del país se empezó a gestar un movimiento disidente, orquestado por supuestos opositores a Romero Deschamps, que pudieron registrar un nuevo sindicato –Petromex –, cuyos principales operadores se dieron a la tarea de afiliar a obreros de la paraestatal. 
Su objetivo era arrebatarle un pedazo del contrato colectivo de trabajo al monopolio sindical que encabeza Romero Deschamps. Sin embargo, hasta el momento eso no ha sido posible, pues el sucesor de Romero –Manuel Limón Hernández, diputado del PRI –quien es un hombre leal a Romero Deschamps. 
Limón Hernández suplirá a Romero Deschamps por los siguientes cuatro años, hasta el 2024. Cuando se desempeñaba como secretario de interior del sindicato petrolero, en el 2000, Limón Hernández se amparó para no ser detenido por el escándalo generado por el “Pemexgate”, uno de los más cuantiosos desfalcos que entonces sufrió la paraestatal: 1,500 millones de pesos. 
A pesar de que esto está establecido en el artículo 151 de los estatutos del sindicato, obreros disidentes exigen que haya elecciones limpias, libres y con voto secreto, a fin de democratizar al sindicato petrolero, pues durante varios años las reelecciones de Romero Deschamps se realizaban por unanimidad y sin ninguna oposición. 
Así funcionaban el sistema, así se mantuvo en el poder Joaquín Hernández Galicia, La Quina, quien estuvo al frente del sindicato petrolero desde 1961 hasta 1989, cuando el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari lo destituyó y lo encarceló bajo cargos de homicidio y portación de arma de fuego prohibida. 
Con la caída de Carlos Romero Deschamps, el presidente Andrés Manuel López Obrador asesta otro duro golpe: el primero fue contra el abogado Juan Collado, defensor de Carlos Salinas y de Enrique Peña Nieto, a quien se le acusa de lavado de dinero y delincuencia organizada. 
Collado, además, enfrenta un juicio internacional, pues el gobierno de Andorra le congeló 84 millones de dólares que estaban a su nombre y que fueron detectados cuando hizo una transferencia a una cuenta de BBVA de Madrid por una suma cuantiosa. 
Este golpe pone en la mira de la justicia mexicana a los expresidentes Salinas y Peña, pues ambos son señalados de ser los verdaderos dueños de la caja de ahorro La Libertad, actualmente bajo investigación de la FGR. 
Sin embargo, el presidente López Obrador está fuertemente cuestionado por solapar la corrupción de Manuel Bartlet Díaz, director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), quien acumula unas 25 denuncias en la Secretaría de la Función Pública. 
Pese su negro historial –fue el autor intelectual del fraude de 1988, se le descubrieron más de 800 millones de pesos en propiedades y varias empresas con las que hizo negocios al amparo del poder –López Obrador se ha empeñado, hasta ahora, en mantenerlo en su cargo. 
El caso Bartlet Díaz sigue generando fuerte escándalo, pues se trata de la antítesis de la lucha contra la corrupción, lo que exhibe una suerte de doble discurso del presidente con respecto al combate frontal a ese problema endémico.
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