ASÍ FUE LA CAPTURA Y LIBERACIÓN DE OVIDIO


*El objetivo no era Ovidio, sino su hermano Iván Archivaldo.
*Capturaron a los dos, pero uno escapó y regresó a rescatar al hermano.

*Saldo: 19 muertos y 26 heridos; soldados, policías, sicarios y civiles.

*Tomaron de rehenes a 9 elementos de la GN y a familias de militares.

STAFF LA OPINIÓN DE MÉXICO/SOL QUINTANA ROO
“Fue Iván Archivaldo Guzmán Salazar, quien rescató a su hermano Ovidio Guzmán Pérez”, así lo confirmó el diario estadounidense The New York Times, cuatro días después de que Grupo Sol lo difundiera de manera exclusiva.
Investigaciones periodísticas realizadas por reporteros del equipo de esta casa editorial, revelarían mayores detalles de la forma cómo ocurrieron los hechos, en los que los principales protagonistas: Iván, apodado “El Chapito” y su medio hermano Ovidio, “El Ratón”; infringieron una de las más vergonzantes derrotas al gobierno federal, humillando al Ejército.

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Ovidio Guzmán
La mentira propalada la noche del jueves 17, por el secretario de Seguridad Ciudadana, Alfonso Durazo, en el sentido de que fue un “patrullaje casual” por el que descubrieron a Ovidio y lo detuvieron, el mismo funcionario lo desmentiría horas después al tener que aceptar que fue un operativo precipitado y fallido, que dio como resultado la obligada entrega del detenido.
Investigaciones de autoridades antidrogas, habían situado previamente a Iván Archivaldo Guzmán Salazar, objetivo principal sobre el que trabajaban, en una de las fincas ubicadas en el fraccionamiento Tres Ríos, en Culiacán, Sinaloa a no más de 55 metros de donde se localiza la Fiscalía General de Estado.
Videos tomados por los mismos lugareños, muestran los momentos en que, a las 14.35 horas, dos camionetas de la Policía Federal Ministerial, encabezan un convoy de cuando menos otra decena de vehículos oficiales, algunos de ellos artillados, que a la par con un número indeterminado de hombres que corren junto a las unidades, se acercan silenciosamente al lugar donde se encontraba Iván.
Se sabría después, por declaraciones oficiales que el operativo estaba compuesto solamente por 35 elementos, tanto de la Fiscalía General de la República (Policía Federal Ministerial), como por agentes de la Guardia Nacional, soldados habilitados como elementos antidrogas.
Y, efectivamente, en ese sitio no sólo estaba Iván Archivaldo, sino también su medio hermano Ovidio, junto con media docena de gatilleros que los custodiaban.
En el momento de las acciones, conforme a la versión de elementos participantes, logran detener a ambos hermanos, pero ante la reacción de los escoltas de los hermanos Guzmán que le hicieron frente, Iván aprovecha la confusión y logra escapar, en tanto que Ovidio queda retenido en el lugar.
Ahí se dio el primer enfrentamiento y las primeras bajas de uno y otro bando, aunque en el caso de Iván, que, en teoría, hubiera escapado del lugar para evitar que lo atraparan, éste se quedó y comenzó a convocar gente del Cártel de Sinaloa para rescatar a su hermano.
Los federales, los guardias y los soldados, nunca se imaginaron que habían llegado, en clara desventaja, al mismo infierno culiacanense, en el bastión de los Guzmán, con escasas o quizá nulas probabilidades de éxito en su objetivo.
De esa manera, sicarios de Ismael “El Mayo” Zambada García y grupos de pistoleros a su servicio, como los “Fernández”, los “Isidros”, los “Herrera”, los “Payanes”, los “Quinteros” y otros tantos aliados más, se unieron al “Chapito” y comenzaron, sincronizadamente, ataques, balaceras y bloqueos en diferentes puntos.
El objetivo de centenares de sicarios era sembrar el terror, intimidar a la gente, causar pánico para hacerla que ayudara.
De manera estratégica, cerraron entradas y salidas de la ciudad y las vialidades importantes y vehículos robados, entre camiones, tráileres, camionetas, autos, a los que prendieron fuego, bloquearon el tránsito.
Entre las unidades robadas, figuraron dos pipas que llevaron hasta el complejo habitacional de la colonia 21 de Marzo, donde se localizan 16 edificios con 140 departamentos en los que residen familiares de militares.
Al llegar al sitio, entran disparando y obligan a salir a los residentes, a los que ordenan colocarse en derredor de los autotanques, al tiempo que les advierten que, si no colaboran para que dejan libre a Ovidio, ellos serán los primeros en morir, pues les prenderán fuego a las pipas.
Afuera de la Fiscalía del Estado, localizada a corta distancia de donde se originaron los hechos, se desató otra balacera que obligó a empleados, funcionarios y asistentes, a refugiarse en el lugar del que no pudieron salir durante varias horas.
Simultáneamente, otros grupos de sicarios protagonizaron balaceras en diferentes puntos, originando el caos en toda la ciudad, mientras que Iván Archivaldo se dirigió con más de un centenar de hombres al penal de Aguaruto, situado a unos cuantos metros del aeropuerto internacional de Culiacán.
Con un pesado camión, embisten uno de los muros de la cárcel y lo derriban y comienzan a sacar presos a los que arman y les ordenan acompañarlos para rescatar al “Ratón”. En esa refriega muere uno de los custodios del penal que trató de evitar la masiva huida.
Durante las más de cuatro horas que llevaban ya las balaceras, los federales ya habían identificado plenamente a Ovidio Guzmán Pérez y pese a la superioridad numérica, habían decidido sacarlo y llevarlo a otro lugar para entregarlo a sus superiores.
Para ello lo vistieron de militar y con un casco a medio rostro, trataron de ocultar de quién se trataba. Después lo subieron a una de las camionetas oficiales de la Guardia Nacional y partieron del lugar.
Infortunadamente para ellos, se toparon de frente con uno de los convoyes de pistoleros que los descubrieron y los sometieron rescatando a Ovidio.
Ya tenían también como rehenes, además de los familiares de los militares, residentes del complejo, a nueve efectivos de la Guardia Nacional a los que tomaron cautivos, ordenándoles que se pusieran en contacto con sus superiores.
La advertencia fue tajante: “O nos dejan que nos vayamos sin problemas, o aquí nos vamos a morir todos”.
Ante esa circunstancia, se consultó con los altos mandos y luego de la deliberación de los miembros del Gabinete de Seguridad del Gobierno Federal, se optó por dar marcha atrás y se dejó que los hermanos Guzmán y sus sicarios se fueran del lugar sin que nadie los molestara.
Pero los militares no habían sido liberados y por varias horas más siguieron las balaceras en diferentes puntos de la ciudad, pero solamente para confundir a sus posibles seguidores y que no pudieran ubicarlos.
Horas después los guardias regresarían a sus cuarteles.
Atrás quedaron más de 11 horas de balazos, miles de casquillos, vehículos quemados, entre ellos la camioneta donde llevaban a Ovidio, comercios, escuelas y bancos cerrados; 19 personas muertas, entre ellos siete soldados, tres civiles, un custodio y cuatro sicarios, así como una veintena de lesionados.
La violenta y sangrienta jornada había llegado a su fin, pero con resultados humillantes para las Fuerzas Federales, pues quedó de relieve que México es cautivo de las redes criminales y si se quiere que esa percepción cambie, lo menos que puede hacer el gobierno federal es recapturar, a la mayor brevedad, a los hermanos Guzmán, pero ya sin devolverlos.
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