EL INFORME

EL MÉXICO DE AMLO


El Primer Informe de Gobierno de AMLO fue más populista que realista, con una visión bastante subjetiva de las circunstancias que se viven en el país como el afirmar que es más importante el bienestar del alma que el material. La retórica de López Obrador se asemeja más a la de un pastor evangélico que a la de un estadista. Para el presidente López es más significativa la distribución de la riqueza que el crecimiento económico, aunque en los hechos lo que reparte a través de sus programas sociales son recursos públicos provenientes de los impuestos que pagamos todos los mexicanos, pues está más que documentado que la economía está estancada, sin crecimiento alguno. Hace caravana con sombrero ajeno, reparte lo que no es suyo. Habló de generación de empleos a través de Jóvenes Construyendo Futuro y Sembrando Vida, pero en realidad se trata de trabajos temporales financiados con dinero público, no de una solución al creciente problema del desempleo. Como ha sido costumbre en su discurso a lo largo de su gobierno dividir a la sociedad mexicana, se refirió a sus adversarios, de quienes, dijo, no han podido establecer un paralelo entre la nueva realidad y el último periodo neoliberal. AMLO tuvo que hacer uso de sus propios datos y cifras para contar con suficientes elementos para llenar su discurso. Según el mandatario, quien parece vivir en otro país, “la mayoría de los mexicanos apoyan la transformación y están contentos: feliz, feliz, feliz”, mientras los que se oponen al cambio viven aturdidos y desconcertados. En materia de seguridad, AMLO mira hacia otro lado, como si ignorando al crimen organizado se fueran a acabar la guerra sangrienta por la disputa de mercados, rutas y territorios de narcóticos, los secuestros, las extorsiones, las desapariciones forzadas y los miles de asesinatos en todo el país.

STAFF LA  OPINIÓN DE MÉXICO 

Ciudad de México.- Un informe meramente populista repleto de demagogia y de apreciaciones bastante subjetivas sobre temas relevantes como la economía, el empleo, la seguridad y el Estado de Derecho, es el que rindió el presidente López Obrador este 1 de septiembre.

En su mensaje predominó el ánimo de dividir al país al hablar de sus adversarios, los conservadores, de quienes afirmó “se encuentran moralmente derrotados”.
Como ha sido costumbre durante su gobierno, el jefe del Ejecutivo no pierde oportunidad para denostar a quienes no comparten su forma de gobierno, ni sus cifras ni sus datos.
El presidente aseguró que sus adversarios, los conservadores, no han podido agruparse para oponerse a su gobierno, ya que están moralmente derrotados y no han podido establecer un paralelo entre la nueva realidad y el último periodo neoliberal.

Sobre el tema económico es un hecho que el presidente López le seguirá apostando el resto de su gobierno a repartir los recursos públicos de manera indiscriminada en beneficio de sus programas sociales, particularmente aquellos destinados a los jóvenes y a los adultos mayores.
No hay ninguna estrategia clara del gobierno de la Cuarta Transformación para generar riqueza. Un día se reúne con los hombres de negocios y les promete apoyar sus inversiones, y al otro se les enfrenta por el más mínimo pretexto.  

“Ahora es menos injusta la distribución de ingreso, es decir, hay más desarrollo y hay más bienestar”, según el presidente de México, un país donde la economía no ha crecido en lo que va del presente año.

El presidente justifica su ineptitud para hacer crecer los principales indicadores de la actividad industrial, comercial y de servicios, con el argumento de que es más importante la distribución del ingreso y la riqueza que cuánto crezca la economía del país.
Desde esa óptica, el presidente López considera que distribuir dinero público a los sectores más necesitados es mejor opción que generar las condiciones propicias para la creación de empleos duraderos y bien pagados.

El discurso del presidente no dejó de reflejar el tinte mesiánico que lo ha caracterizado desde sus tiempos de campaña por la Presidencia de México: “No debe buscarse sólo el bienestar material sino también el bienestar del alma”.

Se entiende que el titular del Ejecutivo federal se refiere a la distribución de los recursos públicos, porque en realidad no es posible distribuir riqueza cuando no existen las condiciones mínimas para generarla. No se puede dar lo que no se tiene.

“Nosotros consideramos que lo fundamental no es lo cuantitativo, sino la distribución equitativa del ingreso y de la riqueza”, dijo al señalar que otro elemento básico de su política es desechar poco a poco lo que considera una obsesión tecnocrática de medirlo todo en función del simple crecimiento económico.

Con ese mensaje pareciera que el nuevo gobierno pretende restarle toda credibilidad a los investigadores, economistas y especialistas del Inegi, del Banco de México y de la misma Secretaria de Hacienda.
Y es que en realidad la economía se encuentra paralizada. En el primer semestre se estancó al no registrar variación alguna, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Igualmente, el Banco de México (Banxico) recortó su pronóstico de crecimiento para la economía a un rango de 0.2- 0.7 por ciento, cuando anteriormente lo había hecho en 0.8 - 1.8 por ciento del PIB.

Sobre la generación de mano de obra, AMLO considera que sus programas Jóvenes Construyendo Futuro, Sembrando Vida y la construcción de caminos rurales, representan la solución al problema que significa el creciente desempleo, cuando en realidad se trata de proyectos temporales financiados con recursos del presupuesto de egresos provenientes de la captación fiscal, o sea de los impuestos que pagamos todos los mexicanos.
No vemos qué se pueda presumir cuando se trata de dinero público, no de la creación de nuevas fuentes de trabajo, ni por parte de la iniciativa privada ni del sector gubernamental.

Dio sus propias cifras: más de un millón de empleos han sido creados este año gracias a los diversos programas sociales del gobierno federal. En el medio rural habló de la creación de 230 mil empleos permanentes gracias a los programas puestos en marcha.
La realidad en este rubro dice otra cosa: al cierre del primer semestre del año, la tasa de desempleo aumentó de forma anual en 23 estados, que en conjunto representan 57.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, según el mismo Inegi.

El primer factor es que la economía se está desacelerando y ese fenómeno se trasladó al mercado laboral. Igualmente varios sectores productivos se han enfrentado a una serie de retos como es el caso de la industria de la construcción con la política de austeridad que retrasó o de plano canceló varias obras públicas; mientras que la manufactura tuvo que enfrentarse a las huelgas que hubo en el norte del país, la crisis de combustible, la toma de vías férreas en la zona del Bajío, y un largo de etcéteras.

Para el presidente, un buen gobierno es el que trabaja en conseguir la felicidad de la gente, ya que cuestiones como la competitividad y productividad, entre otros, deben ser medios para lograr un objetivo superior: el bienestar general de la población.

Sin embargo, dijo que “no debe buscarse sólo el bienestar material sino también el bienestar del alma”.

La retórica de López Obrador se asemeja más a la de un pastor evangélico, que a la de un estadista o del gobernante de la segunda economía más importante de América Latina.

“Ya es un hecho la separación de poder político del poder económico. El gobierno actual representa a todos, al margen de la ideología, la orientación sexual, la posición socioeconómica. Ya existe un auténtico Estado de derecho”, aseguró AMLO.

En realidad, el presidente López Obrador tiene una concepción muy particular del Estado de derecho, sobre todo cuando sabemos que en la práctica los criminales se han impuesto a las fuerzas de seguridad como la misma Guardia Nacional, ni qué decir de las demás corporaciones policiales, están prácticamente sometidas al crimen organizado. No hay gobierno, ni autoridad que sean dignos de respeto.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, el Estado de derecho se define como un principio de gobernanza en el que todas las personas, instituciones y entidades, públicas y privadas, incluido el propio Estado, están sometidas a leyes que se promulgan, se hacen cumplir por igual y se aplican con independencia, además de ser compatibles con las normas y los principios internacionales de derechos humanos.

Asimismo, exige que se adopten medidas para garantizar el respeto de los principios de primacía de la ley, igualdad ante la ley, separación de poderes, participación en la adopción de decisiones, legalidad, no arbitrariedad, y transparencia procesal y legal.
El Estado de derecho implica un gobierno que proteja en la vida cotidiana, no sólo en las leyes escritas, los derechos fundamentales de todos: vida, propiedad y libertad, y castigue a todos los que las violen.


La retención de elementos de la Guardia Nacional y del Ejército por parte de grupos criminales, es un hecho vergonzoso para México. No sabemos de un país donde las bandas de delincuentes retengan, secuestren a los militares a cambio de que les regresen sus armas, o que los saquen de los poblados con insultos y bajo amenazas de golpearlos y los soldados tengan que acceder y salir de sus territorios.

Un país donde predominan ese tipo de situaciones no puede jactarse de decir que existe Estado de derecho.
Otro tema abordado durante su informe de gobierno, fue el de la amenaza de Estados Unidos de imponer aranceles a los productos mexicanos, “lo que ocasionaría una crisis económica y política”.

AMLO dijo que ésta se conjuró mediante un acuerdo migratorio.
Para el presidente llegar a un acuerdo con su homólogo de Estados Unidos, Donald Trump consistió en hacerle el trabajo sucio al magnate neoyorquino, al retener en nuestro país a cerca de 50 mil migrantes centroamericanos, cubanos, africanos, haitianos y de otras partes del mundo en nuestras fronteras sur y norte. En la práctica, somos un “Tercer País Seguro”. Ese es el acuerdo migratorio que presumió el presidente López en su informe.
México se convirtió en la policía migratoria estadounidense y cada vez que Trump insulta a nuestro país, López Obrador dice que no quiere pelearse con el mandatario estadounidense.

En el rubro del combate a los grupos criminales, que son los responsables de la ola de violencia y crímenes que prevalecen en el país, el presidente prefiere mirar hacia otro lado, como si ignorando la presencia de los cárteles de las drogas que se disputan a sangre y fuego mercados y territorios, se fueran a recuperar la seguridad, la paz y la gobernabilidad.
“Se terminó la guerra de exterminio contra la llamada delincuencia organizada; ya no se permiten redadas ni masacres ni la desaparición de personas”.

¿Así cree AMLO que se va a acabar la inseguridad?

En el discurso del jefe del Ejecutivo no podía faltar su baño de pureza: “Si seguimos actuando en forma ética, y aplicando con voluntad firme la política de moralizar la vida pública, nada ni nadie podrá detener la aplicación del principio supremo de la soberanía del pueblo, y el interés nacional se impondrá a los hombres ambiciosos seducidos por el falso brillo de lo material y lo mezquino”.

Son las palabras de un político que persiguió la Presidencia de México durante 18 años, desde que fue jefe de gobierno del GDF (hoy CDMX) compitiendo en tres ocasiones en las elecciones, en la última con su propio partido político, todo ello a costa del erario público.

Según nuestra Constitución, este fue el primer Informe de Gobierno de López Obrador, sin embargo, se anunció como el “Tercer Informe de Gobierno al Pueblo de México”, ya que se contaron los dos mensajes anteriores: el de los primeros 100 días de gobierno y cuando se cumplió el primer año del triunfo electoral de 2018.

Share on Google Plus

About La Opinión de México

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.

0 Comments:

Publicar un comentario

Entradas populares

LO MÁS POPULAR