¡ABAJO LAS ARMAS!


EL GOBIERNO DE AMLO YA NEGOCIA CON EL CRIMEN ORGANIZADO

Ricardo Ravelo/La Opinión de México

Con el fin de pacificar al país –que no erradicar a los grupos criminales –el gobierno de Andrés Manuel López Obrador echó a andar una estrategia de diálogo y negociación con el crimen organizado con el objetivo de que el país entre en una etapa de pacificación.

Lo anterior sonaría sorprendente si no fuera porque quien hizo tales afirmaciones fue nada menos que la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.

Enfáticas fueron sus palabras:

“El gobierno dialoga con grupos armados de Guerrero y otros estados. Estamos dialogando ahorita con muchos grupos, en verdad; nos han manifestado que ya no quieren seguir con esta violencia, que ellos quieren deponer las armas y que quieren caminar hacia la paz”.

Esta declaración, dada a conocer por el diario El Heraldo de México y también a través de El Heraldo TV --su canal de Televisión –confirman que, en efecto, la vía represiva no es la estrategia emprendida por López Obrador para acallar la violencia sino que él está apostando al diálogo y la negociación.

Sánchez Cordero no precisa si los encuentros que han sostenido es con los cárteles del narcotráfico o con otros grupos criminales. Ella afirma que se trata de diálogo con grupos armados, entenderíase entonces que se trata de la guerrilla; sin embargo, los grupos armados que han desatado la violencia en todo el país son los catorce cárteles que operan a lo largo y ancho de la República y que tanto de día como de noche perturban la gobernabilidad.

A unos días de que el presidente López Obrador rinda su primer informe de gobierno, él mismo ha reconocido que la criminalidad es el único problema en el que no ha podido bajar los índices, aunque reiteró que pacificará al país muy pronto.

Las declaraciones de Sánchez Cordero llaman la atención porque es la primera vez que una alta figura del gobierno mexicano reconoce que están dialogando con el crimen organizado. Nunca antes un presidente de México, menos un secretario de Gobernación, había reconocido que emprenderían la estrategia del diálogo y la negociación con el crimen organizado para lograr abatir la violencia en México.

De hecho, como estrategia política no está nada mal. Veamos: En el sexenio de Felipe Calderón se le declaró la guerra al narcotráfico. Fue el primer presidente que usó a las Fuerzas Armadas para emprender una guerra que resultó fallida. Más de cien mil muertos en seis años y no hubo resultados porque los cárteles del narcotráfico se fortalecieron y no sólo eso: terminaron internacionalizados debido a establecieron alianzas con otros grupos criminales de centro y Sudamérica.

En ese mismo gobierno, hubo intentos de negociar con el cártel de Sinaloa. El enviado de Los Pinos fue el general Mario Arturo Acosta Chaparro, asesinado a balazos el 4 de julio de 2012 en la ciudad de México. El militar fracasó.

La misión de Acosta Chaparro era negociar con Joaquín Guzmán Loera, El Chapo y con Ismael “El Mayo” Zambada” la pacificación del país porque, de acuerdo con el militar, el presidente no podía hablar de paz social debido a la elevada violencia.

Aquella misión –ordenada desde Los Pinos por el presidente Calderón –nunca fue reconocida públicamente y nadie supo las razones por las que se guardó silencio respecto de una tarea que en otros países ha resultado exitosa, como es el caso de Italia, Colombia y en Estados Unidos.

Estos países lograron la pacificación en sus territorios mediante la negociación con la mafia. En Colombia el gobierno se sentó con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para alcanzar la paz; en Italia se negoció con la mafia siciliana cuando el Estado bajó los brazos ante los nulos resultados alcanzados mediante la represión, aunque cabe decir que Italia le dio la batalla a los mafiosos durante mucho tiempo.

Estados Unidos enfrentaba en los años treinta y cuarenta un escenario criminal muy similar al de México, a grado tal que el gobierno norteamericano tuvo que liberar el alcohol –para bajar las matanzas -- y negociar con los mafiosos italianos y cubanos que operaban el tráfico de esa sustancia y de otras drogas prohibidas. La tranquilidad que después gozó Estados Unidos es producto de un pacto entre el gobierno y la mafia. No tuvieron otro camino.

En el caso mexicano, es la primera vez que un gobierno emprende oficialmente una tarea como la negociación para alcanzar la pacificación de los territorios más violentos. Sánchez Cordero afirma que el diálogo se efectúa con grupos armados que están asentados en los estados más violentos, aunque no precisó cuáles.

Cabe destacar que está dentro de las facultades del Estado mexicano establecer acuerdos con la mafia. Ha sido una estrategia, como ya se dijo, exitosa en otros países.

Existe un marco legal con el que pueden negociar, por ejemplo, que ciertos grupos delictivos depongan las armas y proceder a regularizar sus capitales: que pasen de ser ilegales a legales; respeto de propiedades y hasta dejar de imponer penas o de no efectuar detenciones y consignaciones si se trata de personajes ya indiciados o con órdenes de aprehensión vigentes.

Dentro de las funciones del Estado no sólo existe la coerción y la aplicación de la ley, máxime cuando existen datos y evidencias de que ningún gobierno ha podido derrotar a la mafia en México, en ningún lugar del mundo ni en ninguna época de su historia. La negociación es un camino que podría llevar al país a la paz.

No se duda que en otros gobiernos hayan existido acuerdos entre gobernantes y mafiosos, pero si existieron se lograron en la clandestinidad y mediante corrupción. El crimen organizado pagaba millones de dólares a cambio de que sus jefes y mandos no fueran molestados, pero esos acuerdos eran efímeros, pasajeros, sexenales, si acaso. Y del dinero incautado, nada se sabía ni se sabe.

Hasta hoy, por ejemplo, el propio presidente López Obrador se pregunta dónde está el dinero de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo; dónde quedaron los 205 millones de dólares que se le incautaron a Zhenli Ye Gon en 2007. Sobre este caso hay cuatro versiones distintas: que se enviaron, vía el Banjército, al Bank of América; que se usaron para reforzar la procuración e impartición de justicia; que los enviaron a la Reserva Federal y, finalmente, que se gastaron en la atención de jóvenes adictos. En realidad, nadie sabe cuál de todas estas explicaciones es real.

Así ha sucedido también con otros capos, cuyas casas, joyas y dinero extrañamente desaparecieron.

Ahora el gobierno tiene la facultad de regular los capitales ilícitos, negociar la paz con los mafiosos y así pacificar el territorio.

Más allá de que se logre o no la pacificación del país, las declaraciones de Olga Sánchez Cordero tienen un valor muy significativo: es la primera funcionaria en la historia que reconoce la vía de la negociación con el crimen organizado como una forma de alcanzar la paz en el país.

Es difícil imaginar cómo se están llevando estas rondas de diálogo. Son catorce los cárteles que operan en México. En Guerrero, por ejemplo, operan 350 organizaciones criminales, todas vinculadas al narcotráfico, al secuestro, trata de personas, tráfico humano, extorsiones, venta de protección, cobro de piso, entre otros giros criminales.

¿Estarán negociando con todos? ¿Quiénes son los enlaces? ¿Quiénes negocian por parte del gobierno?

Estas preguntas todavía no tienen respuesta.

Lo cierto es que al presidente López Obrador, de acuerdo con sus propia palabras, le urge acabar con la violencia, “serenar al país”, como dice él.

Y para ello, también busca a través de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) los mecanismos legales para legalizar todas las drogas. Esta sería una forma, se asegura, de que los cárteles ya no se enfrenten entre ellos.

Lo que no se puede ocultar es que el crimen organizado opera con 24 tipologías delictivas, no propiamente con tráfico de enervantes, que les reditúan ganancias millonarias y que también es motivo de enfrentamientos y batallas a muerte con sus rivales en este negocio.

Legalizar las drogas no parece ser una salida al problema de la violencia. Hay otros negocios manejados por el crimen que también la atizan.
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